NOTA ECONÓMICA N°25 – INFORMALIDAD POBREZA: UN PROBLEMA ESTRUCTURAL

La informalidad laboral y la pobreza son problemáticas recurrentes dentro del contexto latinoamericano, el mercado laboral de la región se caracteriza por ser altamente informal lo cual dificulta en gran medida la disminución de la pobreza. La informalidad laboral normalmente suele relacionarse con la incapacidad de la economía en lo relacionado con la generación de empleo de calidad para la gran mayoría de la población, se convierte en una especie de refugio o estrategia de supervivencia, para aquellas personas menos favorecidas que no pueden acceder a un trabajo digno.

Otra perspectiva sobre la informalidad es entenderla como un problema de mercado, en el sentido de la existencia de fricciones en el mercado laboral, generadas por las regulaciones impuestas por el estado como por ejemplo los altos costos laborales. En la mayoría de los casos la regulación genera efectos no intencionados como relegar a una gran cantidad de personas al sector informal, dado que las empresas no están en capacidad de asumir estos sobrecostos, por cuestiones estructurales como los bajos niveles en la productividad total de los factores y altos costos operativos. Es importante aclarar que los costos laborales son realmente desproporcionados de acuerdo con el contexto y la realidad económica del país.

No existe un consenso sobre cuáles son los determinantes profundos de la informalidad laboral y si existe más allá de una correlación, un efecto causal entre la informalidad y la pobreza. Sin embargo, se pueden plantear escenarios con el fin de identificar cuestiones de fondo en la informalidad, uno de ellos son los obstáculos en lo referente a la acumulación de capital humano y físico, con implicaciones directas como un nivel de ingreso bajo, el cual se encuentra en ocasiones por debajo del nivel necesario para cubrir sus necesidades básicas, generando focos de pobreza.

El ingreso es fundamental, indudablemente un nivel de ingreso bajo dificulta en gran medida la formación de capital humano, lo cual genera una externalidad negativa en términos de productividad laboral, asociada a bajos niveles de formación para el trabajo. Los bajos niveles de productividad son una barrera para la disminución de la pobreza, ya que, si el tejido empresarial no tiene buenos niveles de productividad, se disminuyen las posibilidades de acceder a puestos de trabajo formales ante una menor oferta de vacantes.

El trabajo formal es fundamental en el sentido de que promueve la existencia de círculos virtuosos como por ejemplo el aporte al fisco vía impuestos, permitiéndole de esta manera al gobierno disponer de más ingresos para atender los programas sociales orientados a mitigar la pobreza. Sin embargo, en el mercado laboral existe un alto componente de informalidad, el cual hace referencia puntualmente a aquellas personas que no aportan a la seguridad social y no pagan impuestos, esto una situación muy peligrosa dado que el financiamiento recae sobre unos pocos como es el caso de las empresas formales, perjudicando de manera directa la competitividad de las estructuras productivas, con sus respectivas implicaciones como es el caso de una menor capacidad para generar empleo y efectos colaterales, como podría ser un incremento en la pobreza vía desempleo.

Si bien los resultados de Manizales en temas de pobreza y formalidad laboral son sobresalientes de acuerdo con el contexto a nivel nacional, la ciudad tiene aún grandes desafíos. En términos de formalidad laboral, es importante tener en consideración la forma en como se mide la informalidad laboral, el DANE utiliza el criterio sugerido por el grupo de expertos sobre estadísticas del sector informal (DELHI), el cual permite realizar comparaciones a nivel nacional e internacional. Manizales normalmente ocupa el primer lugar como la ciudad con la menor tasa de informalidad laboral en los últimos años, rondando tasas entre el 39% y 42%.

Si bien el balance es positivo a nivel nacional, no deja de ser alarmante que una parte considerable de los ocupados en la ciudad son informales. Los resultados relacionados con la disminución de la pobreza han sido sobresalientes. En el año 2008 la pobreza monetaria era de 31,2%, dicho valor ha disminuido con el paso del tiempo hasta llegar a 11,9% en 2018. Con respecto a la pobreza monetaria extrema el 2,1% de los habitantes de Manizales esta en esta condición, con respecto al año anterior no se presento un cambio en este indicador, lo que evidencia que aún hay mucho trabajo por hacer.

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